Hay muros con los que parece que estamos predestinados a chocarnos una y otra vez, siempre el mismo muro, siempre la misma hostia. En el caso del colectivo LGTBIQ+, la censura es uno de los muros con los que nos topamos día sí y día también. A principios de agosto, el Centro Cultural de Santander de Porto Alegre (Brasil), inauguraba una exposición llamada Queermuseu, donde se exhibían más de 260 piezas realizadas por más de 85 artistas brasileños. La muestra exploraba la sexualidad y las expresiones no-heternoromativas dentro del arte moderno. Vamos, una pedazo de exposición con una pinta increíble.

Estaba planeado que la exposición estuviera abierta al público hasta octubre. Hasta que llegó la censura cuando un grupo de manifestantes de ultraderecha y evangélicos se dieron cita en el centro demandando el cierre de la exhibición por, según palabras suyas, “promover la blasfemia, la pedofilia y la bestialidad” (no se cansan con el argumento de la pedofilia los religiosos, qué ironías llega a tener la vida). El inicio de las protestas se dio cuando un par de visitantes de Queermuseu  compartieron en Facebook un video diciendo que una de las pintauras de la artista Bia Leite, era “prácticamente prostitución infantil”. Y las alarmas sonaron.

En el video, nuestro crítico cultural y versado en arte, interpela a sus “compañeros cristianos” y se ríe cuando le echan de la exhibición por grabar sin permiso al tiempo que afirma que la comunidad LGTBIQ+ pervierte la idea de familia y de respeto, mientras que hace exposiciones que promueven “la pedofilia, la promiscuidad y la bestialidad”.

En el video, el narrador se dirige a sus “compañeros cristianos” y se ríe de manera satisfecha cuando es removido de la exhibición por filmar sin permiso, mientras dice que la comunidad LGBTI+ está pervirtiendo la idea de familia y de respeto, y ahora están haciendo exposiciones promoviendo “la pedofilia, la promiscuidad, incluso la bestialidad”.

El escándalo provocado por el video de Facebook fue respaldado por el Movimento Brasil Livre, un grupo derechista brasileño que ha crecido en influencia desde que ayudó a derrocar a la ex presidenta Dilma Rousseff por romper las reglas presupuestarias del país, y desde entonces ha adoptado posiciones cada vez más derechistas, como abogar por liberar las leyes de propiedad de armas.

“Hicimos el boicot porque la exhibición fue financiada con dinero público en la promoción de la bestialidad, la pedofilia y las ofensas a la fe cristiana. La exposición muestra a los gays como seres bestiales y agresivos. Los brasileños siempre han tenido valores cristianos, pero ahora tienen la valentía de defenderlos contra la minoría ruidosa que nos ataca”.

Y los ataques continuaron a la página del Banco Santander mientras que cancelaban las cuentas bancarias que tenían con la entidad de forma masiva. El resultado de la presión fue la cancelación de la exposición junto a una declaración pidiendo disculpas ante quienes se sintieron ofendidos por el Queermuseu, destacando que el propósito era “elevar la condición humana”. Una declaración de intenciones vacía frente al triunfo de la intolerancia.

El curador de la exposición, Gaudencio Fidelis, ha lamentado el triunfo de la intolerancia y ha roto una lanza a favor por el sentido común declarando:

“El hecho de que la institución cediera ANTE estos grupos, en lugar de posicionarse de lado de los artistas, aumenta la gravedad de este episodio. De ahora en adelante, cualquier grupo sentirá que está dentro de sus derechos decir lo que el arte debe y no debe ser, y lo que la gente debe ver y escuchar”.

Debido a las acusaciones realizadas por los grupos conservadores, se asignaron al caso dos fiscales, quienes después de examinar más de 200 piezas de Queermuseu, los expertos en derechos de niños y adolescentes atestiguaron que no había absolutamente ningún signo de pedofilia en ninguna de las obras. Evidentemente. 

Ahora, más de 34.000 firmas han sido recogidas por personas que apoyan la exhibición, y que demandan que vuelva a ser abierta, que de hecho esta misma semana protestaron a las puertas del Centro Cultural Santander por haber cedido ante las presiones de un grupo que consideran cada vez más peligroso e influyente, pero fueron recibidos por la policía anti-disturbios con bombas lacrimógenas para dispersarlos.

En cualquier caso, se ha creado en Brasil un precedente para aquellos artistas que deciden ir a contracorriente de la cultura de masas y con una visión no condicionada por la religión y la intransigencia.

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