“I am Michael” no es el taquillazo del año ni mucho menos, pero cuenta una historia que te da mucho que pensar. Más aún cuando descubres que está basada en hechos reales.

Es una historia controvertida que causo mucho impacto dentro y fuera de la comunidad LGTBIQ+, y que a su manera, hizo bastante daño. En resumen, la película sigue la vida de Michael Glatze, un activista americano que fundó en 2004 la revista YGA (Young Gay América), un magazine con grandes aspiraciones y que logró tener un gran impacto dentro de la sociedad gay americana.

Michael y su novio, se dedicaban a ayudar a la juventud LGTBIQ+, a decirles que todo estaba bien, que no estaban solos, y que sí había sitio en el mundo para ellos. La historia cambió de rumbo cuando un día Michael empezó a tener ataques de pánico pensando que sufría la misma enfermedad que su padre, una enfermedad que atacaba de forma directa y súbita al corazón provocando la muerte repentina. A pesar de que los médicos le confirmaron que no tenía esta enfermedad, Michael insistía en que sí, y buscó refugio en Dios para que lo librara de esta enfermedad inexistente.

Después de mucha ansiedad acumulada, ataques de pánico, y mucho over-thinking sobre qué es lo que viene después de la muerte, Michael renunció a su homosexualidad, se convirtió en pastor evangélico, y se dedicó a ir pregonando que la homosexualidad es un pecado, que nadie nace siendo gay, y que en su caso, era una persona “heterosexual, con problemas de homosexuales”. “La homosexualidad, ejercida en mentes jóvenes, es por su misma naturaleza pornográfica. Destruye mentes impresionables y confunde su sexualidad cuando ésta se está desarrollando. No me di cuenta de todo esto hasta que tuve 30 años”, escribe Glatze.

I am Michael asume un tono tranquilo, pausado y progresivamente dramático en la vida de Michael, interpretado por James Franco. No hay florituras ni excesos de nada. Escrita y dirigida por Justin Kelly (que también dirigió la película de temática gay de James Franco King Cobra), huye de sensacionalismos, bastante incredulidad levanta la historia de por si.

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James Franco representa el ideal de persona queer tal y como lo entendemos nosotros. Una persona que construye su propia identidad de manera independiente y alejada de cualquier normatividad de género y sexualidad y se dedica a vivir su existencia por su cuenta, sin influencias externas y experimentando los límites de su personalidad. Así que no nos extraña que haya aceptado interpretar a Michael.
Por su parte, a Michael le encantó I am Michael y después del pase privado que hicieron le dio un abrazo a James Franco y a todo el equipo como agradecimiento por su trabajo y respeto a la historia en la película.

 Si la película te dejó con ganas de saber más sobre la historia de la “conversión” de Michael, en Netflix también encuentras el documental “Michael: Lost & Found”, que sigue la historia de Michael a día de hoy con la visita de su expareja ahora que es pastor y está casado. Tristemente, el documental no acaba con una revelación final de que lo que ha hecho es engañarse a sí mismo y a los que lo rodean, sino reafirmando su teoría de que la homosexualidad es una elección.
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