A veces tenemos que respirar hondo. Calmar los nervios, y pensar que aunque muchas veces nos creamos que hemos avanzado y que estamos en una liga muy diferente de la que pensábamos, queda mucho trabajo que hacer. Y una prueba es esta clase de noticias, que por muy absurda que suene… tendrá un impacto en la comunidad tremendo. Y todo por una tarta.

 

 

Charlie Craig y David Mullinsse encontraban preparando su boda en 2012 cuando acudieron a una pastelería en Colorado para encargar la tarta de su boda. Su dueño, Jack Phillips, propietario de la Masterpiece Cakeshop, se negó en redondo a hacerla -delante de la madre de uno de los novios- porque, según él, hacer una tarta para una pareja homosexual suponía una afrenta a sus ideas religiosas. Y una demanda fue interpuesta, una denuncia que terminaron ganando.

 

 

El Tribunal Supremo -de mayoría conservadora-, debe dar una respuesta pública y una resolución del caso, donde explique dónde acaba la libertad religiosa y dónde empieza la discriminación sexual. Resulta super interesante, porque suele ser un debate que siemrpe está ahí. ¿Qué debe prevalecer, la libertad religiosa ante la libertad de los individuos y la no-discriminación?  Este caso es sumamente importante puesto que supondrá un antes y un después en la historia de los derechos civiles LGTB en América. La sentencia de este caso determinará si un negocio puede o no, rechazar a clientes homosexuales por su orientación sexual y a favor de la libertad religiosa de las personas. Como si hacer una tarta, fuese tan en contra de tus ideales, que te de derecho de negarles tu servicio.

¿Somos los únicos a los que esto les recuerda a la discriminación racial en los restaurantes donde se negaban a servir a las personas de color, o a todos se nos ha olvidado porque se nos cae la cara de vergüenza ahora que ha pasado su tiempo? Pregunto.

Nuestro pastelero religioso se define a sí mismo como artista, y por tanto, no ha apelado solo al derecho de la libertad religiosa sino también a la libertad de expresión, que resulta ser la primera enmienda de la Constitución, una enmienda de la que los americanos están muy orgullosos. Phillips dice que no le importa vender dulces a homosexuales, pero que tartas no, porque si vende una tarta significa que apoya esta clase de enlaces. Porque como todos sabemos, cuando estamos en una boda y vemos una tarta, pensamos, «qué guay, seguro que el pastelero les ha dado la bendición». También afirma que tampoco hace tartas de Halloween o tartas para celebrar divorcios y que nadie puede forzarle a hacer tartas que le resulten inmorales. Inmorales. Pausa para tocarnos los cojones.

El pastelero ha contado hace poco en una entrevista en la televisión americana, que desde la denuncia, su negocio ha caído un 40% y el número de empleados ha bajado a 4, y que ya no acepta encargos de bodas en general. (Uff qué pena).

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La acusación ha pedido a nuestro homófobo pastelero que o bien sirva tartas para cualquier tipo de pareja o que no haga ninguna en absoluto. De otra parte, si gana la defensa del pastelero, supondrá que los negocios americanos podrán negar según qué servicios a personas homosexuales.

tarta

¿Y si se tratase de sillas plegables?, ¿también podrían las empresas de sillas plegables a negar sus servicios a la boda de una pareja homosexual? ¿O esto va solo de tartas y «arte«? Entendemos que las tartas, según cuales, son un vehículo artístico de expresar ideas, sentimientos u opiniones. Y que en base a que es un medio de expresión,

Esto no va sobre una tarta, esto va sobre el derecho que tiene cualquier persona de ser tratado del mismo modo que cualquier otra. Se trata de un derecho básico y universal, en el que será una antesala del poder discriminar por creencias religiosas en el país que se hace llamar «país de la libertad».

Eso supone que, siendo homosexual en Estados Unidos, no puedas entrar en un establecimiento sin la preocupación de si te servirán o no. De si te negarán sus servicios por tu condición sexual. Esto no va de si se puede conseguir o no una tarta para una boda homosexual, que ya suponemos que otras muchas pastelerías se habrán ofrecido a hacerla, esto gira en torno a que los individuos LGTB tenga el derecho de existir y vivir como uno más en la vida pública del país. ¿Qué pasaría si se tratase de una pareja interracial heterosexual y el pastelero no creyera en esta clase de uniones?

Nadie, tenga el negocio que tenga, debería tener el derecho constitucional para discriminar a ningún ser humano. Si te consideras artista y eres homófobo, contratas a un pastelero que no lo sea y se encargue de estos pedidos, pero no hagas gala de tu homofobia y te escudes en la libertad de expresión cuando es libertad de discriminación.

Estaremos atentos a todo lo que ocurra mañana y a la resolución del caso.

Puedes ver el argumento de Phillips y la pareja en este video del New York Times.

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